Afina la puntería para financiar tu empresa

El mayor error de una startup con la financiación pública es empezar preguntando qué ayudas existen. La pregunta correcta debería ser otra: qué necesita financiar la empresa y qué instrumento encaja mejor con ese objetivo.

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El mayor error de una startup con la financiación pública es empezar preguntando qué ayudas existen. La pregunta correcta debería ser otra: qué necesita financiar la empresa y qué instrumento encaja mejor con ese objetivo.

En España existe un ecosistema cada vez más amplio de préstamos participativos, subvenciones, financiación para I+D, incentivos fiscales y programas europeos. El problema es que no todos sirven para lo mismo ni todas las startups deberían acudir a ellos en el mismo momento.

ENISA, por ejemplo, es una de las herramientas más conocidas porque permite financiar el crecimiento de una compañía sin diluir a los socios. Pero no es una subvención: es un préstamo participativo y, por tanto, debe devolverse. Para acceder a él son importantes la viabilidad del negocio, el equilibrio financiero y unos fondos propios suficientes.

Si lo que la compañía necesita financiar es un proyecto tecnológico concreto, probablemente haya que mirar hacia CDTI. Aquí el análisis cambia: no se financia simplemente a una empresa innovadora, sino un proyecto con unos objetivos técnicos, un presupuesto y un determinado grado de riesgo tecnológico.

Otra subvenciones públicas

NEOTEC juega en otra liga. Es una subvención competitiva destinada a empresas jóvenes de base tecnológica. Puede resultar especialmente atractiva porque no implica devolución, pero precisamente por eso la competencia es elevada y la preparación del proyecto resulta determinante.

Y el mapa no termina ahí. Las deducciones fiscales por I+D+i permiten recuperar parte del esfuerzo realizado en innovación; la Ley de Startups incorpora incentivos adicionales para las empresas que cumplen sus requisitos; y las compañías deep-tech con ambición internacional pueden encontrar oportunidades en programas europeos como EIC Accelerator.

Por eso, la financiación pública no debería gestionarse como una sucesión de convocatorias a las que presentar solicitudes. Debería formar parte de la planificación financiera de la empresa.

¿Cómo quiero financiar mi crecimiento?

Antes de elegir un instrumento conviene analizar seis elementos: qué se quiere financiar, cuánto dinero se necesita, el grado de innovación del proyecto, la antigüedad de la empresa, los fondos propios disponibles y el calendario previsto.

También hay que estudiar cómo combinar las distintas fuentes. ENISA puede convivir con CDTI, subvenciones, inversión privada o incentivos fiscales, pero que dos instrumentos sean compatibles no significa que puedan utilizarse para financiar exactamente el mismo gasto.

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La mejor estrategia, por tanto, no es conseguir el mayor número posible de ayudas, sino construir una estructura financiera coherente entre capital, deuda y financiación pública.

La financiación pública puede acelerar una startup, reducir su dilución y permitirle asumir proyectos que de otro modo serían difíciles de abordar. Pero solo funciona realmente bien cuando la empresa deja de preguntarse “¿qué ayuda puedo pedir?” y empieza a preguntarse “¿cómo quiero financiar mi crecimiento?”.

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