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Agrosingularity: aprovechar los descartes de la industria para una alimentación sana y circular

Dar una segunda vida a los excedentes de la industria alimentaria fue la premisa inicial de tres soñadores. Además, los convierten en productos saludables e investigan para darles nuevos usos.

15/01/2024  Ruth PereiroAyudas

Con la idea de aportar soluciones tanto al sector primario como al sector de producción de alimentos, hace más de cuatro años, Juanfran, Luis y Dani fundaron Agrosingularity.

«La empresa nació de un momento de serendipia, donde tres emprendedores que entre sí se conocían a pares, deciden reimaginar cómo podría ser un nuevo sistema de alimentación donde la economía circular fuese el eje central de su propuesta de valor», explica Daniel Andreu, CEO de Agrosingularity.

La compañía ha seguido apostando por esta idea original de dar solución al reto de los excedentes alimentarios o subproductos que se originan en el momento «cero», en la producción. La propuesta de valor de la empresa es utilizar estos descartes para la producción de ingredientes alimentarios de valor añadido. Y al mismo tiempo «dar respuesta a los retos de sostenibilidad del sector primario como a los fabricantes, estos últimos presionados por la subida de costes y, sobre todo, por dar respuesta a un nuevo tipo de consumidor más consciente y comprometido con la sostenibilidad», añade Andreu.

De descartes a fibra dietética

El modelo elegido resultó un acierto, pues Agrosingularity es una empresa de biotecnología capaz de diseñar ingredientes funcionales, como la fibra dietética, y además, ser competitivo en el mercado global de ingredientes (este mercado mueve algo más de 145 B€ anuales), según explica el CEO de la compañía: «Y podíamos hacerlo sin sacrificar el propósito de la empresa».

No obstante, no faltaron los retos en una idea tan novedosa como esta, en la que pocas compañías a nivel global se habían decidido a operar este modelo desde cero, construir cadenas de suministro con proveedores (homologando el origen), desde la parte de I+D, producción, desarrollo de negocio y financiación.

«Salimos adelante encapsulando cada uno de los obstáculos y trabajando con una perspectiva de conjunto. Con cada reto, buscamos la mejor solución disponible que, además, no nos alejara de nuestro propósito», explica Daniel Andrey, quien también recuerda que el más complicado fue la financiación, en plena pandemia, con unos pocos proveedores y solo dos clientes.

El apoyo de los que creyeron en esto

Es por ello que los apoyos recibidos fueron cruciales: desde instituciones, fondos de inversión, ecosistema y, sobre todo, sus clientes que «confiaron desde el minuto cero en que un modelo de producción basado en economía circular puede cumplir los máximos estándares de calidad de producto sin sacrificar el impacto positivo en el medioambiente», comenta Andreu.

El préstamo de ENISA llegó en un momento clave de la compañía: «En 2020 nos dio la ‘gasolina extra’ para terminar de validar el negocio y poder preparar nuestra ronda de inversión. Sin esos fondos extra seguramente no estaríamos donde estamos hoy», añade el directivo.

Sin embargo, empezar en ese momento de crisis (por la pandemia de la COVID) también significó una oportunidad y clave de su éxito, pues obligó a repensar cómo se aprovisionan los fabricantes, dando más peso a los productores regionales (Europa). «Ahí estábamos nosotros, en el lugar indicado en el momento indicado», dice el experto.

Un mundo de posibilidades

El objetivo de Agrosingularity ahora es convertirse en un centro de I+D con capacidad de producción propia. «Dicho de otra forma, aspiramos a ser un referente en materia de producción de ingredientes alimentarios con impacto positivo en el medioambiente, seguir invirtiendo para conseguir nuevos ingredientes más funcionales y de mayor valor añadido», explica Andreu. Entre las áreas que están desarrollando, se encuentran la producción de fibra dietética alimentaria, bajo nuestra propia patente, la obtención de concentrados de proteína vegetal o emulsificantes prebióticos.

A la pregunta de cómo imagina la alimentación en un futuro no muy lejano, Daniel Andreu la describe como «más natural, sostenible y, sobre todo, haciendo eficiente todo los recursos invertidos en la producción, donde todos los subproductos que se originan puedan volver a usarse no solo para la alimentación, sino para generación de energía, packaging…».